Cobra Simple le recuerda a tus clientes lo que deben por WhatsApp, en el momento en que es más probable que paguen: cuando vuelven a comprarte.
Los mensajes salen del número de la empresa, con su nombre arriba.
Una cuota de quince días se cobra recordando. Una de ciento cincuenta se cobra con estudio jurídico — y casi nunca entera.
El sistema sabe perfectamente quién no pagó. El problema es que nadie se lo dice al cliente. La cuota se vence un martes, la llamada no entra, la carta no llega, y cuando alguien retoma el caso ya pasaron dos meses y la conversación es otra: incómoda, tensa, y con mucha menos chance de terminar bien.
Cobra Simple trabaja del otro lado de esa curva. Actúa en los primeros treinta días, que es donde todavía alcanza con recordar.
Se conecta a tu sistema de gestión y trabaja solo, en todas tus sucursales a la vez.
Cada vez que alguien compra —en cualquier sucursal, al contado o financiado— tu sistema nos lo informa. La venta entra en el momento, no en el cierre de mes.
Si ese cliente venía atrasado con otro plan, el aviso le llega ahí, pegado a la compra nueva. Es el único momento del mes en que está pensando en tu empresa y tiene la plata a mano.
Se registra el pago y el cliente recibe su comprobante en PDF al instante. Si necesita refinanciar o le conviene un descuento por pronto pago, el sistema se lo ofrece sin que intervenga nadie del equipo.
Una cartera grande mal manejada quema el número de WhatsApp de la empresa y la relación con el cliente. Estos límites no son configurables.
Nunca antes de las 8 ni después de las 22, sin excepción.
Como máximo dos mensajes de cobranza por deuda por semana.
El cliente escribe BAJA y no recibe nada más. Inmediato e irreversible.
Entre dos avisos por compra pasan 24 horas como mínimo.
Al registrar el pago se cancela todo lo que estaba en camino.
Si el cliente discute la deuda o pide hablar con alguien, entra una persona.
El mensaje agradece la compra antes de mencionar el saldo. No es cortesía: es lo que separa un recordatorio de un apriete, y lo que hace que el cliente vuelva a comprar.
No hace falta cambiar cómo vendés ni cómo cobrás. Se conecta a lo que ya usás y escala a carteras de miles de clientes sin agrandar el equipo de cobranzas.
Electrodomésticos, muebles, colchones, indumentaria: vendés en plan propio y la cobranza es tuya.
La venta entra desde cualquier local y la cobranza sigue siendo una sola, con un solo criterio.
Mayoristas, distribuidoras y servicios con saldo abierto que se arrastra mes a mes.
Si tenés una cartera en mora que crece todos los meses, escribinos y la miramos juntos.